Unwind

Nada mejor que llegar a casa tras un día de trabajo y estrés. Ese momento de bajarse de los tacones, ponerse el pijama calentito y suave y las zapatillas de estar por casa es algo indescriptible. Después de estar con pequeños, adolescentes y otros más mayores toda la tarde en un aula, llegar a casa es relajarse nada más cruzar el umbral de la puerta dejando a un lado las hormonas revolucionadas, los enfados infantiles, la repetición de contenidos y la energía de los niños. Y no es que no disfrute de mi trabajo, que lo hago, y mucho, es que ese placer de estar en tu ambiente, relajado y tranquilo no tiene comparación. A veces menospreciamos estas pequeñas cosas cotidianas, pero a mi es algo que me encanta. Y si además me pongo unos calcetines de dibujos monísimos entonces ya sí que soy la más feliz del mundo. No soy difícil de complacer 🙂

Sentarse en el sofá o delante del ordenador y cenar cualquier cosa, ver la televisión. Escribir. Leer. Mirar por la ventana. Dedicarte un tiempo a ti, necesario de vez en cuando. Hasta me apetece corregir y ver qué tal lo han hecho mis peques, que además hoy iban disfrazados por acercarse la fiesta del carnaval de mi ciudad. Las niñas más coquetas iban de minnie mouse, y de princesa. Los niños divertidos de oca, los más discretos con los zapatos intercambiados y los atrevidos con el pelo pintado de los colores del Atlético, incluso uno de Joker, verde y rojo. Transmiten una frescura y una energía envidiable desde luego. Me hace parecer muy mayor a su lado, y no lo soy tanto.

Es curioso como en este ambiente de distracción y de relax, de no hacer nada y hacer muchas cosas tontas como mirar vídeos en Youtube o ver el Hormiguero, también surge la imaginación y dejas volar la mente, vagar por ahí, sin pensar mucho y pensando en todo.

Desconexión total hasta mañana, cuando al salir de casa, vuelva el ajetreo.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Me identifico contigo. Actualmente también trabajo con niños y adolescentes y a veces llego a casa y es como: ahhhh por fin *-*!
    No es que no me guste, pero la sensación de cruzar el umbral de casa, ponerse ropa cómoda y escuchar solo el silencio es… puff genial 🙂

    Un beso

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    1. Cristina dice:

      Jajaja una sensación única desde luego 😉

      ¡Un abrazo! ¡Y ánimo para el resto de semana!

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  2. La verdad que esos pequeños ratos a solas haciendo lo que nos gusta o sencillamente no haciendo nada se agradecen, un pequeño oasis en el día.

    Un abrazo,

    https://confesionesydesvarios.wordpress.com

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    1. Cristina dice:

      Unos ratitos muy valiosos :))

      Gracias por comentar y un abrazo!!

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