London + Oporto

Ya estoy de vuelta. De vuelta a las andadas. Este mes ha sido una locura, una locura de las buenas. ¿A dónde ha ido el mes de Octubre?

Es increíble como vuela el tiempo cuando estás en tu salsa, cuando tienes tiempo libre para hacer lo que te gusta, lo que llevabas planeando desde meses. Benditas vacaciones. Dos semanas únicas e irrepetibles que bajo ninguna circunstancia olvidaré. La ilusión del momento, de coger ese avión, los nervios por empezar el viaje, los preparativos, las típicas preguntas de ¿me habré dejado algo?, las ganas, la impaciencia. Viajar es buenísimo, activa el cuerpo y el cerebro, te ayuda a sentirte viva y a apreciar lo que tienes. No hace falta hacer grandes viajes, ni irte a la otra punta del mundo. Lo que importa es ver cosas, aprender y disfrutar, en buena compañía. Renuevas pilas y vuelves como nueva. Eso si, la conocida “depresión post-vacacional” no te la quita nadie.

Una persona muy cercana dice que para que haya más viajes y para vivir más experiencias se tienen que acabar las presentes. Y es verdad, si no vivimos el presente y hacemos lo que estamos haciendo no vendrán otras cosas nuevas. Qué paradoja.

¿Qué decir de mis viajes? Pues que me han encantado, he ido por fin al destino donde soñaba ir desde pequeña, y ha sido un sueño hecho realidad. Era la persona más feliz del mundo allí (aquí también lo soy, no nos confundamos), conocer todos esos rincones que había visto en las fotografías, ha sido mágico. Esos ratitos de entrar en un café y pedir un Cappuccino en ese tiempo frío y otoñal no los cambio por nada, y esas conversaciones profundas en los mullidos sofás de dichos café, saben a gloria. Los enormes parques en el centro de la ciudad te alejan de la realidad, de la ajetreada vida laboral de las grandes ciudades, esos parques maravillosos, vestidos de tonos ocres, y marrones, rodeados de ardillas y todo tipo de patos, paseando de la mano de esa persona, es totalmente idílico, lo repetiría mil veces a pesar del dolor de pies y del cansancio. Esos ratitos me dan la vida.

Y para mí lo mejor de ese gran viaje, a esa ciudad de ensueño ha sido eso mismo. Compartir esos momentos con la persona a la que quiero, en esos parques. ¿Simple, no? Los monumentos, las obras de arte, los museos, las catedrales, los mercadillos, todo ha sido precioso, muy al nivel de mis expectativas. Pero, esos parques… Sencillamente mágicos.

Ese primer viaje fue magnífico, y solo se vio perjudicado por ese brillante sistema de metro, el famoso “Tube” de Londres. Muy bien señalizado, limpio, puntual. Pero absolutamente abarrotado, sobre todo a horas puntas. Es un medio de transporte que tiene sus ventajas y si viviera allí quizás me acostumbraría a sentirme como una sardina en su lata, pero la sensación fue agobiante, un calor horrible y sin olvidarse de esos chicos borrachos que vienen de fiesta los viernes por la noche y que de tantos tumbos dar su cabeza, medio dormidos, solamente queda que se les caiga en tu hombro. Precioso.

Como estamos un poco locos, decidimos aprovechar las dos semanas e ir a otra destinación. ¿Por qué conformarse con una, no? Así que al volver de Londres, sin deshacer la maleta, nos fuimos para la ciudad de Porto, al norte de Portugal. Ciudad de muchos contrastes. Totalmente diferente a Londres, si cabe mencionarlo. Una ciudad muy bonita también, de subidas y bajadas. Lo entenderéis si habéis estado allí. Todo el casco antiguo está lleno de poderosas cuestas y escalones, bastante irregulares. Eso sí, comerse una Francesinha a la orilla del Duero mientras unas chicas tocan música romántica y con los imponentes puentes cruzando el río no tiene precio. Hasta compensa esos momentos de miedo al pasar por ciertas zonas de la ciudad, sintiéndose una totalmente perdida. El hotel era de película, en todos los sentidos de la expresión. No podría acabar sin mencionar la increíble Livraria Lello e Irmão. Si pasáis por Porto, y os gustan los libros es de urgencia que paséis por allí. Esa librería es una auténtica joya, pequeña y encantadora. Me perdería horas entre sus libros, y aún más observando la maravillosa obra que se puede observar por techos y paredes, me encantó la escalera, preciosa, de verdad. No pude irme sin llevarme un recuerdo de allí. Totalmente inspiradora.

Todo genial, escribiría párrafos y párrafos de anécdotas y experiencias pero solo me queda decirle gracias  a Londres y a Porto por darme estas dos semanas de felicidad. Aunque la verdadera razón de dicha felicidad no son esas ciudades, ni cualquier destino en el mundo, si no el ir acompañado de esa persona especial, en mi caso. De ese que me aguanta día tras día, de ese que me quiere, y al que quiero con locura. Y tantas cosas más. 🙂

 

 

 

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. blogpensa dice:

    Que hermosa es la vida cuando se aprende apreciarla al lado de otro ser!
    Esos lugares a los que fuiste son hermosos! Me alegra mucho que lo hayas compartido con todos nosotros!
    Un abrazo!

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    1. Cristina dice:

      Muchas gracias!! Encantada de poder compartirlos y de ser leída!! Un saludo! 🙂

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