Barras y estrellas

Las gotas de lluvia repicando en la ventana no me tranquilizaban en absoluto. Me quité la manta de encima y fui descalza hacía la cocina. El suelo de parqué estaba frío y crujía bajo mis pies. Solamente llevaba una camiseta vieja encima, un poco grande para mí, y la ropa interior. Abrí la nevera y cogí el cartón de leche. Estaba demasiado distraída como para buscar un vaso limpio en mi cocina, así que bebí directamente de la botella.

No podía dormir.

Sus recuerdos inundaban la casa, que ahora se sentía totalmente vacía y sin vida. Decidí salir al balcón a que me diera un poco el aire, y me senté en la tumbona donde tantas veces habíamos compartido historias y risas. Noté un nudo en mi interior. Me pesaban los párpados, pero no podía descansar. Mis pensamientos estaban en él, y no podía dirigirlos hacía ningún otro tema. No sabía que pensar ni como sentirme. No estaba furiosa, ni siquiera estaba enfadada.

Había vaciado la casa, en un desesperado intento de olvidarme de él. Pero nada funcionaba. Quizás todavía era muy pronto, necesitaba más tiempo para rehacer mi vida. Al fin y al cabo, todo fue fácil para él que ya tenía a otra esperándole.

Odiaba toda esta situación, que él siempre hubiera sido tan bueno conmigo, y que todo hubiera sido tan perfecto. No tenía ningún motivo para odiarle, pero eso no mejoraba la situación. Ni siquiera después de dejarme por otra podía odiarle, no podía echarle nada en cara, porque lo había hecho bien, había hecho las cosas bien. Y odiaba no poder odiarle por algo.

Pensando en todo y en nada a la vez, me senté en el sofá y me acurruqué entre cojines con una manta. No quería ir a la habitación, demasiadas cosas habían pasado allí, así que cerré los ojos y me quedé dormida.

Me despertó el sonido del móvil, distinguí por el tono de llamada que era Rebeca, lo cogí frotándome los ojos, mientras miraba el reloj de la pared. Las doce y media.

“Hola, Rebe”, dije volviendo a cerrar los ojos.

“Siento haberte despertado, pensaba que ya estarías despierta”, contestó Rebeca.

“Tranquila, me he despertado hace un rato, pero me he vuelto a dormir”, mentí. “¿Qué pasa?”, le pregunté sentándome en el sofá. Había dormido en mala posición y me dolía la cabeza.

“Me ha llamado Sara y hemos quedado en el Café de siempre para tomar algo, ¿te vienes?”, contestó risueña. Se oía el ruido de la calle por el auricular.

Dudé un poco, no había hecho nada desde hace unos días y me apetecía salir, pero me daba una pereza increíble vestirme y peinarme. Podía hacerme una coleta rápida, y ponerme cualquier cosa. No hacía falta maquillarse.

“De acuerdo, en cuanto me arregle voy para allí, esperarme dentro”, le dije caminando hacía el cuarto de baño.

“No tardes, ¡un beso!”, dijo Rebeca y colgó.

Me lavé la cara y los dientes rápidamente y me hice una coleta alta. Me quedó bastante mal pero no importaba. Me vestí con lo primero que pillé, unos tejanos y una sudadera, y me calcé las botas.

Salí pitando de casa y al pisar la calle me agobie un poco, había mucho ruido y gente. Respiré profundamente y me dirigí al Café donde había quedado con las chicas.

Cuando entré ellas ya estaban sentadas, me acerqué y me senté en el hueco que me habían guardado, saludando.

“Perdonad por el retraso, me he quedado dormida en el sofá”, dije.

“No pasa nada, hemos pedido por ti, café con leche y croissant, como siempre”, dijo Rebeca.

“Da gusto tener amigas así”, reí.

Me di cuenta del tiempo que hacía que nada me hacía sonreír. Necesitaba estas distracciones. El camarero llegó con nuestro almuerzo y lo dejó en la mesa. Le eché azúcar a mi café con leche. Rebeca estaba genial, era morena y de ojos claros, llevaba una trenza de lado y un vestido. Sara era un poco más bajita y tenía el pelo corto, mientras le daba un mordisco a su bocadillo me dijo:

“Hacía mucho que no te veía, ¿Cómo estás?

“Bueno, he tenido épocas mejores, ya sabes”, le di un sorbo al café. “Pero lo voy superando”, añadí.

Ella me miró, y miró de reojo a Rebeca.

“Te veo mucho mejor que la última vez, de verdad”, me dijo.

Levanté la vista, no sabía si lo decía en serio o quería hacerme sentir mejor.

“El otro día les vi cruzando la calle”, dije. “Parecían felices”. Sentí como si me clavaran algo.

“Venga ya, lo que te ha hecho ese tío no tiene nombre”, soltó Rebeca.

No quería darle vueltas al tema, no quería criticarle.

“Simplemente se enamoró de otra, supongo que yo no supe retenerle.” Removí el café con la mirada fija en la mesa.

“Estoy segura que él ya tenía a esa tía en el bote, no puede ser que te deje por otra sin que haya pasado algo ya con ella”, dio un golpe en la mesa.

“No estaban juntos antes de dejarla, te lo puedo asegurar”, intervino Sara.

“¿Por qué estas tan segura?”, preguntó Rebeca.

“Me lo dijo la hermana de Sandra”

Esto me interesaba. Sandra era la nueva novia de mi ex. La que me lo había arrebatado.

“¿Conoces a la hermana de Sandra?” pregunté sorprendida.

Sara dudó un poco antes de contestar.

“Iba conmigo a clase”, contestó. “Por eso lo sé”

La observé mientras bebía su zumo de naranja. Estaba un poco frustrada. No quería saber nada de esa chica, a ella sí que la odiaba por arruinar mi vida quitándome lo que más quería. Rebeca le dio un ruidoso sorbo a su café y dejó la taza en la mesa.

“Sigue siendo un idiota”, dijo.

No era verdad, aunque no pude evitar una sonrisa. Me metí un mechón de pelo por detrás de la oreja y miré a Rebeca distraída.

“Odio defenderle, pero no es un idiota. Se enamoró de otra chica, eso es todo”, miré hacía el suelo. “Supongo que no se puede luchar contra los sentimientos”

Evité mirarlas. Pero sabía que en el fondo lo entendían. Sabían  que tenía razón. Uno no se enamora de otra persona si está enamorado de la primera. Así es como lo veo yo, y me sentía culpable por haber dejado que esto ocurriera. Quizás no había hecho lo suficiente, y por eso él se había ido de mi lado.

Se hizo un silencio incomodo en la mesa, y entonces Sara dijo:

“Bueno, ya basta de hablar de cosas malas”, sonreía ampliamente. “Tengo una noticia increíble para el mes que viene”

“Que misteriosa eres, suéltalo ya”, dijo Rebeca impaciente, mientras yo las observaba.

“¡Nos vamos!”, exclamó Sara moviendo los brazos y haciendo una especie de baile.

“¿Qué nos vamos? ¿A dónde?”, pregunté frunciendo el ceño.

“¡A Estados Unidos!”, soltó un poco más alto de lo que hubiera sido apropiado.

Rebeca y yo nos miramos la una a la otra, tenía una expresión de no entender nada. Exactamente igual que yo.

“Explícate, ¿cómo que nos vamos a Estados Unidos?, pregunté.

“Mis tíos vivieron allí hace años, tienen una casa”, dijo aceleradamente. “Les pregunté si podríamos pasar allí una temporada y me dijeron que si”, dio unas palmaditas.

Rebeca me miró con una gran sonrisa en la cara. “¡Tenemos que ir!”

“Pero, pero…” Intenté buscar una excusa, no es que no quisiera ir. La cabeza me daba vueltas.

“Ni peros, ni nada. Nos vamos y punto”, exclamó Sara. “Yo no tengo ni trabajo, ni novio. Rebeca tiene un trabajo que odia, y tú necesitas un cambio”

La miré asombrada. Estaba bloqueada, pero la idea rondaba por mi mente. Podría ser un nuevo comienzo, en un lugar lejano, donde no tuviera que acordarme de Rubén, donde todo sería nuevo y donde habría mil cosas por hacer. Quizá no era tan mala idea. Por una vez en la vida, tenía que arriesgarme, me di cuenta de que nada me retenía aquí. Podía empezar de cero. Las dos me miraban esperando a que dijera algo.

“De acuerdo”, dije en voz baja. Esperaba no arrepentirme.

Las dos se levantaron de la mesa saltando y dando grititos, la gente a nuestro alrededor las miraba molesta, pero no parecía importarles. Rebeca me cogió del brazo para que me levantara, así que aparté la silla y celebré nuestra nueva vida con ellas, nos abrazamos allí en medio.

Nos esperaban un montón de nuevas experiencias y aventuras lejos de aquí. Respiré, sintiéndome más viva que nunca.

 

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. kikabruni dice:

    No sabes cómo me ha gustado tu entrada, mis amigas son importantísimas para mí y me he sentido identificada con lo que escribiste.
    Quiero aprovechar para decirte que he nominado tu blog para el premio Dardos (puedes ver la nominación en mi blog) porque considero totalmente que te lo mereces.
    Felicidades!
    Nos seguimos leyendo

    Le gusta a 1 persona

    1. Cristina dice:

      Muchísimas gracias por la nominación, eres muy amable!! Me ha pillado por sorpresa y te lo agradezco enormemente 🙂 me alegro de que te haya gustado la entrada, estos comentarios me animan a seguir escribiendo. Mañana me pongo con el nuevo post.

      Un abrazo!!
      Nos leemos 🙂

      Me gusta

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