Late night writing

Iba corriendo por la calle mayor, estaba abarrotada de gente. Familias, vendedores ambulantes, turistas con mapas, gorros y chalecos repletos de cosas, se les distinguía bien entre la multitud, con sus características bermudas de color beige con bolsillos y chanclas con calcetines. Era un misterio para mí porque hacían eso, aparte de quedar horrible, no parecía muy útil. ¿No querían que les sudara el pie? Yo me hubiera decantado por unas bambas.

Hacía un día estupendo, pero estaba de mal humor. Se estaba convirtiendo en algo habitual, así que había decidido calzarme las zapatillas de deporte y salir a correr. Me puse el Ipod a máximo volumen. Casi nunca lo hacía ya que me gustaba oír el ruido de la calle, pero hoy necesitaba aislarme. Estaba huyendo de mi propia realidad, pero necesitaba escapar de mi casa. Me acordé de mi madre mientras giraba la esquina de mi casa.  La había visto por el rabillo del ojo, estaba haciéndole una trenza a Susan, mi hermanastra, mientras ella veía los dibujos animados.

“¡Me voy!” grité por encima del sonido de la tele. De reojo vi que mi madre giraba la cabeza para mirarme así que me apresuré hacia la puerta.

“No vuelvas tarde”, respondió mi madre. “Ya sabes que tenemos que ir al cumpleaños de Tom”. Antes de que acabara la frase ya estaba fuera de casa.

Sí, sabía que teníamos que ir al cumpleaños de Tom. Suspiré mientras corría por la acera que rodea mi casa en dirección a la playa. No quedaba muy lejos así que me propuse correr hasta allí y después dar la vuelta hasta la plaza Berby que no solía estar muy concurrida de gente, lo que me faltaba ya era encontrarme a alguien conocido. Después iría en dirección a la calle Grant y la subiría hasta llegar a mi casa. Quería correr más ya que eso me relajaba, pero no me daba tiempo si quería ir a la fiesta de Tom. Bueno, querer no quería, pero no tenía otro remedio. Era su fiesta de cumpleaños, nada más y nada menos que su décimo octavo cumpleaños, el cual marcaba su mayoría de edad. Al menos legalmente. Tom era todavía muy infantil y bastante engreído. Como su padre.

Al llegar a la playa me paré un minuto frente al mar y cerré los ojos, tenía que relajarme, notaba una presión en el estomago y me notaba la garganta contraída. No sé de qué me preocupaba, la situación era esta y no hay nada que yo pudiera hacer. Inspiré con fuerza,  aguanté el aire en los pulmones y lo solté cuando ya no pude más. Me sentí bien, así que lo repetí unas cuantas veces. A la quinta estaba tan relajada que casi me olvido que estaba en medio del paseo frente al mar. Abrí los ojos y la luz me deslumbró. Estaba desorientada. Parece que me había olvidado de los problemas durante unos minutos.

Me giré para continuar con mi ruta, pero paré en seco al encontrarme frente a mí a un chico de aspecto un tanto raro sentado en un banco con una libreta. Me miraba fijamente y anotaba algo. Me dio miedo ya que tenía la mirada clavada en mí y la verdad, me estaba cohibiendo. Bajé la mirada y ajustándome los altavoces del Ipod me propuse a reanudar la marcha cuando algo me distrajo.

El chico me estaba haciendo señas agitando los brazos en el aire y con una media sonrisa en los labios. Fruncí las cejas y me quité los altavoces para oír que me estaba diciendo. No me gustaba nada que me entretuviera, tenía el tiempo justo para llegar, ducharme y prepararme para la fiesta.

“Eh, ¿me oyes?” dijo el chico. Fue lo primero que oí al quitarme los cascos.

Le miré sorprendida, no tenía ni idea de cuánto tiempo llevaba ahí, ni de qué estaba haciendo.

“No, no te oía”, contesté. “Estaba con la música puesta. ¿Me decías algo?” Intenté sonar seria.

Él se rió relajadamente y eso me molestó un poco. ¿Quién era y qué quería?

“Sí, verás”, dijo acariciándose el pelo. “Te decía que no he acabado todavía”. Levantó las cejas y extendió los brazos por el respaldo del banco.

No entendía nada. Le miré extrañada antes de que algo saliera por mi boca, no sabía si se estaba quedando conmigo.

“Um… No te entiendo”, dije. “No has acabado, ¿el qué?” No quería sonar idiota, pero creo que me salió un acento raro. Me estaba poniendo nerviosa sin saber por qué. Me fijé en él. Era bastante guapo. Me vino a la mente mi propia imagen en ese mismo momento. Sudada. Sin arreglar. Roja como un tomate, y con la coleta mal hecha. Genial.

“Pues el dibujo”, contestó. Giró el cuaderno que tenía entre las manos para que pudiera verlo. Era la silueta de una chica apoyada en una valla frente al mar. Era yo. Me quedé pasmada.

“¿Me has estado dibujando? No estoy segura de que eso esté bien. ¿Cuánto rato llevas ahí?” Pensé que lo mejor era no seguirle el juego e irme lo antes posible, pero había algo en él que me retenía, tenía curiosidad.

“Bueno, la verdad es que ya estaba aquí cuando llegaste corriendo y te plantaste en medio del paisaje que estaba dibujando”, se rió. “No tuve más remedio que añadirte a mi obra”. Me hablaba con un tono extraño, no estaba segura de si me lo había dicho sarcásticamente. Se mordió el labio.”¿Te gusta?”, preguntó.

Me pilló por sorpresa. Me estaban empezando a temblar las piernas, el chico era realmente misterioso, intentaba no mirarle demasiado pero estaba encandilada de su sonrisa.

“Está muy bien hecho”. Intenté ponerme unos pelos que me salían de la coleta por detrás de la oreja, no sé si funcionó.”Perdona por haberme puesto en medio… No me fijé en que estabas ahí”.

Agachó la cabeza y se levantó del banco. El corazón se me aceleró. Se estaba acercando a mí. Debería haberme ido antes, no sé qué estaba haciendo ahí parada dándole conversación a un desconocido. Podría ser cualquiera.

“Qué triste ser invisible para ti”. Se quedó parado bastante cerca de mí para ser exactos. Era más alto que yo. Bastante atlético. Llevaba una camiseta blanca y una camisa de cuadros por encima. Tragué saliva y me maldije por no ponerme más mona para ir a correr. Estaba buscando algo que decir cuando me dijo:

“¿Me dices tu nombre?” No estaba segura de que esto estuviera pasando. Le miré y bajé la mirada. Ya no me acordaba por qué estaba de mal humor. En ese momento me sonó el móvil.

Mierda. Que oportuno. Nunca me llamaba nadie y tenía que sonar justo ahora.

“Perdona”, le dije. Él me sonrió y abrió los brazos como diciendo ‘adelante’. Miré el nombre en la pantalla. Era mi madre. “¿Sí?”, dije al teléfono.

“¿Dónde estás, Zoe?” Estaba impaciente. “Estamos a punto de salir, vamos a llegar tarde si no vienes pronto. Date prisa, te esperamos”.

Puse los ojos en blanco y colgué. Ya no podía ni salir un rato a solas, tenía que estar metiéndome prisa siempre. Típico. Noté como se rompía la magia y volvía el mal humor. El chico misterioso estaba esperando pacientemente a mi lado con las manos en los bolsillos. De repente sentí rabia de que mi madre pudiera fastidiarme hasta estando lejos. Intenté serenarme y que no se me notara nada. Lástima que la transparencia sea mi rasgo más característico. El chico me miraba con expresión extraña, me dio la sensación de que notó como me cambiaba el humor. Decidí no alargar más la situación.

“Lo siento, tengo que irme. Me ha gustado mucho el dibujo”, parecía contrariado. “Pero no le digo mi nombre a desconocidos”, añadí.

Él se quedó en blanco, y se puso incomodo.

“Claro, lo entiendo”. No sabia donde mirar. “No quiero entretenerte, vete si tienes prisa”. Cerré los labios fuertemente y tragué saliva. Me hubiera gustado conocerle. Sin decir nada más volvió a sentarse en el banco y yo me puse a correr en dirección a mi casa.

Me odiaba. Había sido muy borde con él, y ya era demasiado tarde. Él estaba siendo simpático y yo la había cagado. En realidad sí sabía por qué no le  había dado mi nombre.  Me giré para ver si él seguía allí y le vi sentado igual que antes.

No me estaba mirando.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s