Story of my life

Era otra tarde calurosa de verano, estaba tomando el sol en la terraza. No oía nada más que la música que salía del auricular de mi Ipod, llevaba puesto un bikini de color  azul cielo, y las gafas de sol puestas. Tenía los ojos cerrados pero sentía los rayos de sol inundando mi piel. ‘Puedo ponerme morena’ pensaba mientras dejaba que mi cuerpo se sumiera en un estado de relajación suprema, estaba casi dormida cuando noté que algo me tocaba la pierna. Al instante, pegue un bote y abrí los ojos de golpe, entonces vi dos ojitos negros que me miraban a los pies de mi tumbona. ‘¡Eres tú! Me habías asustado, ¡ven aquí!’ Le dije a Nora, mi perrita bulldog de color blanco con manchitas negras.  La cogí en mis brazos y la levanté sobre mi cara, automáticamente ella se revolvió y empezó a darme lametazos en la cara. ‘¡Nora, no! ¡No me chupes!’ Ella me miró con cara de póker, pero dejó de hacerlo. Era una perrita muy lista. La dejé en el suelo y me levanté, dejé el Ipod aún encendido sobre la tumbona y me moví por la terraza buscando algo. ‘Ahí está’ pensé cuando encontré a Toby, el osito de peluche de Nora, al pobre le faltaba un ojo y estaba sucio, pero a Nora le encantaba. Lo cogí y enseñándoselo a Nora, que lo miró con atención, lo tiré fuertemente al otro lado de la terraza. Nora salió corriendo como una bala hacia él, lo encontró detrás de una maceta y me lo trajo de vuelta entre sus dientes, lleno de baba. ‘¡Muy bien!’ Le dije mientras lo cogía y se lo lanzaba de nuevo. De repente, oí como un ruido de patitas subiendo por la escalera, me giré para mirar que pasaba y entonces, vi a Rocky. Con los ojos muy abiertos de felicidad y entusiasmo me miraba a través de cristal, con ladridos suplicantes me dio a entender que le abriera la puerta de la terraza. ‘Rocky, ¿tú también quieres jugar?’ Me miró con curiosidad y empezó a correr dando vueltas por la terraza. Cogí a Toby y se lo lancé a los dos. Esta vez Rocky fue primero y me lo trajo corriendo, Nora le miraba con curiosidad. Los dos se llevaban muy bien, y nunca se peleaban.

Jugué con ellos un rato hasta que oí la puerta de entrada. Salí de la terraza con Nora y  Rocky pisándome los talones, y cerré la puerta tras de mí. Me dirigí al piso de abajo bajando por las escaleras mientras me agarraba a la barandilla, bajo mis pies uno de los escalones crujió y puse cara de fastidio.

–          Sí, ya sé que tengo que arreglarlo – Miquel estaba en el piso de abajo y me miraba mientras sacaba cosas de una bolsa reutilizable del super. – Ey, Rock, ¿me has echado menos? – Le dijo a Rocky que se puso a ladrar y a saltar encima suyo-

Me acerque a él con una sonrisa en los labios, Rocky estaba muy entusiasmado de que hubiera vuelto su querido amo, Nora se acercó a saludarle también.  Le acaricie el cuello y le miré con curiosidad.

–          No había dicho nada esta vez. – Le dije mirándole con una sonrisa pícara.

–          Seguro que estabas a punto de hacerlo – Me guiñó un ojo.

–          Pero que tontito eres, dame un beso. – Inmediatamente se agachó y yo le rodeé por el cuello con mis brazos. Me dio un beso largo y suave. – Yo si te he echado de menos. – Le dije.

–          Si claro, solo he ido un momento a comprar, ¿qué quieres ya? – Pude ver en su mirada que quería chincharme.

–          ¡A ti! – Le dije y le empujé hacia abajo para poder besarle otra vez.

–          Ui, ¡que pesada!- Pero me cogió y me subió a la mesa donde estaba colocando la compra.

Me besó de nuevo y yo le hice cosquillas, al momento rió de esa manera tan característica suya, me encantaba verlo reír. Pero me dijo ‘Ahora no, todavía tenemos que prepararlo todo’. Accedí sin protestar y bajé de la mesa.

–          ¿Qué has comprado? – Le pregunté mientras le ayudaba a colocar la compra en los armarios.

–          Un poco de pasta, tomate, cebollas, patatas, los ingredientes que nos hacían falta, y el postre.

–          ¿El postre también? – Le dije lamiéndome el labio.

–          Claro, es lo más importante. No podría faltar un poco de vainilla.

–          Me lo imaginaba. – Puse los ojos en blanco.

–          ¿Qué pasa no te gusta? – Me dijo haciéndome pucheros.

–          Sólo si puedo comerla sobre ti… – Me encantaba ponerle en un compromiso.

Rio y continuó poniendo las cosas en su sitio. Ya teníamos todos los ingredientes para otra de nuestras cenas románticas. No recuerdo muy bien cómo empezó todo esto, creo que todo comenzó hace muchos años cuando todavía no vivíamos juntos. Recuerdo que en una ocasión mis padres se fueron de viaje y nos dejaron la casa sola. Ante esta situación, una persona tan detallista como él no podría más que proponer una cena romántica, con todo el proceso que eso conllevaba, buscar las recetas, anotar los ingredientes, ir a comprar, preparar todo, incluida la mesa, etc.  Esa fue la primera de muchas otras que vendrían después y en cada una de ellas él preparaba algo especial, algo que la hacía única, y que hacía que nunca lo olvidara.

–          ¿Le has dado de comer a Coco? – Me preguntó mientras empezaba a pelar una patata.

–          Sí, se comió una zanahoria entera, tuve que volver a meterlo en su jaula, Rocky casi se la quita. Tienes que enseñarle modales a tu querido carlino. – Le dije para picarle.

–          Mi Rocky tiene muchos modales, ¡hasta sabe darme la patita y hacerse el muerto! – Iba ya por la segunda patata, y movió la sartén donde estaba haciendo el sofrito.

–          Claro, eso es porque se lo enseñé yo cuando todavía te daban miedo los perros. – Reí mientras cogía la olla de la pasta y tiraba el agua por el fregadero.

–          ¡Ya te gustaría a ti! Ah! Le has dado de comer también a Bagul? – Me miró de reojo con una media sonrisa  mientras me decía esa última frase y yo le miré sorprendida.

–          Ya sabes que yo no me acerco a esos bichos tuyos asquerosos. – Bagul era su escorpión. Me lo había metido en casa en contra de mi voluntad y no había manera de que se lo volviera a llevar. Accedí a que se quedara encasa siempre y cuando se quedara en el cuarto de juegos, y no tuviera que verle ni a él ni a su comida. También le dije de antemano que no pensaba cuidarlo ni un solo día.

–          Pero si es un encanto. Pobrecito. ¿Puedes acabar de pelar las patatas mientras voy a darle su cena? – Me preguntó dejando las patatas en un bol metálico.

–          Claro, pobrecito. Ves a darle su cena, pero luego te lavas las manos. – Le dije mientras empezaba a pelar las patatas.

Riendo, salió de la cocina y fue hacía el cuarto de juegos. Me quedé pelando las patatas para nuestra cena, Rocky estaba en la alfombra mordiendo un hueso, y Nora estaba sentada en el sofá con Toby.

Miquel volvió y acabamos de preparar la cena. Hicimos pasta a la boloñesa, con patatas bravas caseras, unas tapas buenísimas de anchoa y atún y un poco de pollo a la cerveza. Dejándolo todo listo para servir, fui a nuestra habitación y me metí en el vestidor, tenía muchísima ropa, pero había reservado un vestido negro de encaje especialmente para hoy. Miré todos mis zapatos, y pensando que tenía que hacer limpieza de verano, me puse unos LouBoutin que había comprado en nuestro viaje a Londres. Los reservaba para ocasiones especiales porque era mi mejor par de zapatos de aguja. Seguidamente, me peiné y me maquillé como siempre, solo añadí una pizca más de barra de labios. Salí de la habitación, Miquel aun no había terminado, así que cogí un mechero y encendí las velas rojas que habíamos puesto en el centro de la mesa y bajé la intensidad de la luz del comedor. Hice unas cuantas fotos con el móvil y miré con impaciencia el reloj. Me acerqué al ventanal de nuestro salón y miré hacia abajo. No había mucha gente en la calle, era un barrio residencial y no solía haber mucho jaleo. Las vistas eran impresionantes, los últimos rayos de sol del día se colaban por el cristal dejando unos suaves tonos anaranjados en nuestro comedor. Vivíamos a lo alto del todo, en un ático dúplex, me reí mientras recordaba como hace unos años, era nuestro sueño, el vivir así, en un sitio como este, juntos. Estaba muy feliz. Miquel salió del baño con un traje negro precioso, llevaba una camisa de satén fino debajo de color blanco. Guau. No estaba acostumbrada a verle sin sus sudaderas Etnies ni sus bambas de colorines. Estaba impresionante. Me miró y me sonrió, se acercó a mí y me dio un beso.

–          Estás preciosa. – Me susurró al oído.

–          Tú estas increíble. – Le dije con cierta timidez, después de tantos años, le abracé y bajo su traje pude sentir esos brazos musculados que tanto me gustaban.

Me acompañó a mi silla y me sirvió un poco de champagne francés. Me miraba de una manera inquietante y misteriosa, nunca podría acostumbrarme a esa mirada, después de tantos años, seguía perturbándome y me encantaba.

–          Voy a servirte un poco de pasta a ver qué tal nos ha salido.

–          Ya eres todo un profesional, estará buenísima. – Me miró agradecido.

Empezamos a comer el primer plato mientras comentábamos nuestros primeros años juntos, todas las anécdotas, como empezó todo, nuestro primer beso, nuestra primera noche juntos, aquella vez que no pude quedarme en su casa a dormir porque su madre todavía estaba despierta, hablamos y reímos durante un buen rato, y llegó el segundo plato.

–          Había pensado que el mes que viene podríamos ir a algún sitio para el puente. ¿Qué te parece?

–          Bien, ya sabes que en el colegio hacemos todos los puentes habidos y por haber. – Le contesté.

–          Es lo que tiene ser funcionario.

–          No te quejes que tú también lo eres. Señor oficial de primera. – Me reí-

–          Solo soy un policía normal. – Me dijo-

–          De momento, seguro que apruebas el examen.

–          ¡No me metas presión! – Reí cuando me dijo esto, ya que siempre me lo decía, era como una broma nuestra.

–          Bueno, llegó la hora del postre –Me dijo con una emoción bastante palpable.-

–          ¿Helado de vainilla? – Bromeé mirándole a los ojos y sonriendo.

–          Tienes que cerrar los ojos. – Sacó una venda de terciopelo rojo y moviéndola de un lado a otro empezó a acercarse a mí.

–          Está bien. – Le dije mientras cerraba los ojos. Sentí el terciopelo sobre mi cara. Lo colocó sobre mis ojos y lo anudó en mi nuca. No veía nada.

–          Ya está. ¿Puedes ver algo?

–          No, no veo nada. – le contesté. Oí como susurraba un breve ‘Perfecto’. Momentos después oí como se alejaba a la cocina y como abría y cerraba la nevera, seguido de algunos cajones. Estaba muerta de curiosidad, ya no sabía que podía esperar. Le oí volver al comedor y colocó algo sobre la mesa.

–          ¿Puedo mirar ya?- Le dije.

–          Espera, voy a quitarte la venda. – Deshizo el nudo que había en mi nuca y me quitó la venda. – Ya puedes abrir los ojos.

Automáticamente lo hice y vi frente a mí un pastel enorme en forma de corazón, recubierto de vainilla. En él se podían leer las palabras “Te Quiero” de color rojo. Tenía una bengala enorme que chisporroteaba encima del pastel. Me llevé las manos a la boca por la sorpresa y le lance una mirada para ver su expresión. Me estaba mirando y sonreía ampliamente. Me lancé a sus brazos.

–          ¡Muchísimas gracias, amor! ¡Es precioso! Me encanta, ¿cuando has hecho esto?- Le cogí y le besé con todas mis fuerzas, el pastel era precioso, no sabía cómo decirle lo mucho que me gustaba.

–          Espera, esto no es todo. – Sonrió y sacó una caja del bolsillo de su chaqueta, me entregó el paquete y yo lo cogí con asombro.

–          ¿Qué es esto?- Le dije mientras lo abría. Era una pequeña caja envuelta en papel de regalo plateado y con un gran lazo arriba.

–          Ábrelo y lo sabrás. – Me dijo con una sonrisa.

Intenté abrir el pequeño paquete, rasgué el papel plateado pero se quedó atascado con un trozo de celo. Estaba muy impaciente por saber que era, le lancé una mirada a Miquel que me miraba con curiosidad y se reía por no poder abrirlo.

–          ¡Ya está! – Liberé el pequeño paquete del papel de regalo y lo miré con curiosidad, era una cajita de terciopelo azul muy bonita. Miré a Miquel con emoción y con un pequeño gesto me indicó que podía abrirla. En ese mismo instante, abrí la cajita. Lo que encontré dentro hizo que se me parara el corazón por un momento. Era una gargantilla de brillantes preciosa en tonos rosados. Me la quedé mirando sin decir nada. Estaba segura que tenía la boca abierta y que de aquí a nada se me iba a empezar a caer la baba, pero no podía cerrarla. No tenía palabras.

–          ¿No vas a decir nada? – Me dijo Miquel atónito.

–          Es… Es que… Es que no…

–          ¿Es que no te gusta? Puedo devolverla, tengo el ticket justo a… – Empezó a decir.

–          Es que no sé qué decir, es preciosa, amor. Muchísimas gracias, no tendrías que haberte gastado tanto dinero…Es… ¡Oh, me encanta! – Me levanté y me senté en su regazo acurrucándome entre sus brazos y le besé con todas mis ganas, quería sentir sus labios, quería sentir su cuerpo cerca de mí.

–          Me habías asustado, pensé que esperabas que fuera otra cosa. – Me dijo cogiéndome fuerte por la cintura.

–          ¿Estás bromeando? No, cariño, es preciosa. Pónmela por favor. – Saqué la gargantilla de su cajita y se la puse en la mano para que me la pusiera. Me aparté el pelo a un lado para dejar mi cuello al descubierto.

El cogió la gargantilla suavemente y la colocó sobre mi cuello. Con destreza, cerró el enganche y empezó a darme besos por el hombro, subiendo suavemente hasta mi cuello. Cerré los ojos para sentir el contacto con sus labios en mi piel, y empecé a notar un cosquilleo por la barriga. Entonces me giré y le miré a los ojos.

–          Aún tenemos que comer el postre, señor perfecto. – Sonreí y me mordí el labio.

–          Ah sí, Ya me había olvidado de mi postre de vainilla. – Dijo, pero sentí esa ironía en sus palabras, dándome a entender que el postre era yo.

Me levanté y volví a  mi silla, él apartó la bengala del pastel, y cogió un cuchillo largo para cortarlo. Me sirvió un trozo de pastel y él se puso otro en su plato un poco más grande.

Fue otra noche mágica juntos. No habría nada ni nadie que pudiera haberla estropeado, terminamos de cenar, y pusimos música lenta, me sacó a bailar cogiéndome de la cintura, y así bailamos durante un buen rato. Reposé mi cara en su hombro y cerré los ojos, sintiendo como me guiaba con los pies y me agarraba fuertemente la mano. Me sentía como una princesa en un cuento de hadas, y no quería que ese momento se acabara por nada del mundo.

Levanté la vista y él me miró sonriendo, me acerqué a sus labios y lo besé, él me devolvió el beso y me acercó más a él, perdiéndome aun más en su abrazo.

Y el resto… El resto es historia.

***

El sol entraba por las ventanas ‘Oh no, olvidamos bajar las persianas’ pensé con fastidio, en ese momento me acordé de cómo había acabado la noche anterior, ‘quien iba a acordarse de las persianas.’ pensé. Estiré los brazos y me desperecé, giré la cabeza y vi a Miquel aún dormido con la boca abierta y los brazos cruzados como siempre. Estaba profundamente dormido. Lo observé durante un largo rato mientras recordaba la noche de ayer. Fue todo tan bonito… Como quería a este hombre que ahora parecía tan indefenso e inocente… Me levanté y fui al lavabo. Me miré al espejo. Tenía el maquillaje todavía puesto y un poco corrido, me lavé la cara y los dientes, y me volví a mirar en el espejo ‘Mucho mejor’. Volví al dormitorio y me estiré en la cama, Miquel aún seguía dormido. Miré el despertador. Las 09:30h. Me acerqué a su cuello y empecé a darle

besos hasta llegar a su cara y a su boca. Él se revolvió un poco y abrió un ojo. ‘Hola’ dijo. Sonreí.

–          ‘Hola, buenos días’ – le di un beso en la frente.

–          ‘Buenos días, ¿Cómo has dormido?’ – me contestó.

–          No tan bien como tú, bella durmiente. – Reí y me subí a horcajadas encima de él. Él se estiró y me puso las manos en la cintura, me miró y sonrió. Yo le devolví la sonrisa y me incliné para besarle. Entonces él tomó la iniciativa y rodó por la cama para quedar encima de mí. Me besó con más fuerza y yo le rodeé por el cuello. Entonces separó mi boca de la suya y me dijo:

–          Te quiero. – Me dio un vuelco el corazón, siempre solía decírselo yo la primera, como quería a este hombre…

–          Yo también te quiero, amor. – Le contesté mirándole a los ojos.

Él sonrió satisfecho y me dijo:

–          Venga vamos a desayunar, hoy me apetecen paninis de atún.

–          ¿Y cuando no te apetecen? – Me hizo cosquillas como respuesta y reímos juntos.

Nos levantamos de la cama y fuimos a la cocina, él llevaba solo unos bóxers negros e iba descalzo. Me encantaba verlo así… era tan sexy. Yo me senté en la mesa de la cocina a observarlo mientras él sacaba el pan de molde y preparaba los ingredientes.

–          Estas muy sexy con tus braguitas y mi camisa de anoche. – Me dijo mientras ponía el atún en el pan.

–          Y tú estás doblemente sexy con tu bóxer… en la cocina. Creo que vas a tener que ir así siempre.

Él se giró, me miró y me bufó un beso en el aire ‘Lo sé, soy perfecto’, yo le tiré el rollo de servilletas como protesta, y él rio mientras lo esquivaba como siempre. Cuando los paninis estuvieron listos, exprimí unas naranjas para hacer zumo natural. Desayunamos con Rocky y Nora a nuestros pies. Miquel se levantó y les puso la comida de perros en sus platitos.

–          ¿Qué te parece si vamos a la playa con los perros? – Me propuso.

–          Genial, podemos coger el frisbee para que corran un poco, y más tarde podemos ir al gimnasio.

–          Y para acabar al cine. Hacen una muy buena de sangre y gore. – Puse los ojos en blanco, no me gustaban esas películas.

Al terminar el desayuno, nos duchamos juntos como solíamos hacer, nos enjabonábamos el uno al otro, y luego nos estábamos más rato del necesario manoseándonos en la ducha… y, bueno… No teníamos remedio. Mientras yo me secaba el pelo, él fue al vestuario a vestirse. Eligió unos pantalones piratas negros, eran sus favoritos, unas bambas Circa rojas y negras y una camiseta gris que me encantaba. También cogió una gorra de las muchas que tenía y sus gafas de sol.

–          Ya estoy listo, iré a darle de comer a Bagul y a Coco antes de salir.

–          ¡Muy bien! – Le dije. Mientras él salía de la habitación, yo me maquillé, me lavé los dientes y fui al vestidor.

Tras unos minutos barajando opciones, me decanté por unos shorts tejanos, una camiseta de tirantes fucsia que me metí por dentro del short y unas sandalias de tacón marrones. Cogí también un bolso con la tira de cadena de color marrón y metí mis cosas. Me miré en el espejo, y me alisé el pelo con la mano. ‘Bien’ me dije, y salí de la habitación.

Miquel estaba ya en el recibidor y los perros tenían la correa ya puesta. Al verme abrió la puerta y salimos juntos a la calle. Hacía un día precioso, no hacía nada de aire ni frio y el sol nos bañaba la piel. Saqué mis gafas de sol del bolso y me las puse. Fuimos dando un paseo hacía la playa, que no estaba muy lejos. Miquel llevaba a los perros en una mano, y yo le cogí de la otra. Rocky y Nora paseaban el uno al lado del otro respirando agitadamente con la lengua fuera. Les encantaban estos paseos. La playa estaba repleta de gente, comiendo helados, sentados en las terrazas, tomando el sol en la arena, jugando a las palas, etc. Bajamos las escaleras de piedra que conducían a la arena, me saqué los zapatos para poder caminar por la arena. Encontramos un sitio perfecto para no molestar a nadie y colocamos nuestras cosas.

–          ¡Vamos allá! ¡A ver quién me trae el frisbee primero!- Dijo Miquel mientras lo sacaba de la bolsa. Los perros se prepararon para salir corriendo.

Miquel lanzó el frisbee y automáticamente salieron a por él. Nora lo trajo primero y Miquel le dio una galletita como premio. Mientras ellos jugaban yo me estiré en la arena. Levanté la mirada hacía el sol, cerré los ojos y pensé:

‘¿Se puede pedir algo más? Miré a Miquel que me miró y me susurró ‘Preciosa’ y yo le sonreí.

‘Definitivamente, no se puede’. Y me levanté para tirarme a su cuello y revolcarlo por la arena.

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