Cuando llegaste a mi

Capítulo 1

Mira que tarde se ha hecho ya. Tienes que irte, mis padres están a punto de llegar.

– ¿Tengo que irme ya? Pero si no hace nada que he llegado… Vamos, no creo que digan nada, Raúl. Arréglate y damos una vuelta, ¿te apetece? – dije mientras le miraba sonriendo.-

– No, no puedo. Ya he quedado. Vamos, coge tus cosas y vístete, tienes que irte.

– Bueno, vale. No quiero molestarte.– dije y empecé a abrocharme los botones de la blusa.

– No me molestas, Bea. Nos veremos otro día, te lo prometo. – dijo él mientras se acercaba a mí. Puso sus manos en mi cintura y me dio un beso en los labios. Sonreí y me puse los zapatos.

– Venga, te acompaño abajo.

Mientras bajábamos por las escaleras no pude evitar volver a sentir esa sensación. Intenté disimular delante de él, no quería hacerle sentir mal.  Me abrió la puerta y salí, me giré y me dijo:

– Bueno, lo he pasado bien. ¡Hablamos pronto! – y cerró la puerta.

En mis narices. Sin decir ni hacer nada más. Como si no le importara nada dejarme ahí delante, mirando la puerta y esperando a que saliera y me diera un beso, una sonrisa, unas palabras bonitas. Pero no salió, así que me fui andando a mi casa. Sintiéndome sola y utilizada. Y tonta. Esa era la peor de las sensaciones. El sentir como te humillan y no poder hacer nada al respecto. No estaba enamorada de él, por supuesto que no. Pero tenía esperanzas de sentirme querida y de poder quererle a él también. Que ilusa, como si fuera tan fácil. Como si no hubiera pasado por esto antes. El ser humano, siempre tropezando con la misma piedra, con la misma punzante y afilada piedra.

Llegue a casa casi sin aliento y cabizbaja y me fui directamente al ordenador. Ana estaba online, le abrí conversación y pensé en escribirle. No me salía nada. Hice un esfuerzo, deseaba contarle lo que  había pasado y como me sentía, deseaba que me escuchara y sobretodo que me dijese algo bonito que me reconfortara y que me hiciera olvidar. Pero no sabía como explicárselo. Así que desistí. Me fui al comedor  a ver la televisión. Allí estaba mi madre mirándome con esa expresión que pone cuando sabe que me pasa algo y pensando como preguntarme que me pasaba. Así que volví a levantarme y me fui a la habitación. No tenía ganas de hablar del tema. Me conecté al MSN, aunque no le hablé a nadie. No tenía a nadie con quien hablar.

Estaba poniendo algo de música cuando Miquel me habló. Miquel era un amigo con el que salía a veces. La verdad es que no le conocía demasiado. Le conocí a través de Ana y habíamos coincidido alguna noche cuando estaba con ella. Llevábamos un rato hablando de todo y de nada, y realmente me había olvidado de todo lo que había pasado un rato antes cuando de pronto me habló Ana. ‘ Un poco tarde’, pensé.

Ana siempre había sido mi mejor amiga y en la que más confiaba, pero últimamente no estaba pasando su mejor racha, estaba un poco liada, entre su novio y otro chico. Que diferentes son las cosas para dos amigas. Una deseando conocer a alguien y solo conociendo a idiotas en potencia y otra decidiendo entre dos chicos. ¡Vivan las injusticias! Lo mejor de todo era que en realidad, ella no quería a ninguno de los dos. Solo deseaba estar sola y ser libre, y picar un poquito de aquí y un poquito de allá. No suelo hablar así de mí mejor amiga pero es que no entiendo nada de lo que hace ni de cómo actúa. Ella, muy contenta me contó lo que había hecho hoy y después, me preguntó que qué tal me iba con Raúl.

Otra vez ese nombre. Nunca iba a poder quitármelo de la cabeza. Entonces pensé que quizás si le explicaba lo que había pasado me sentiría mejor.

Y otra vez sentí ese bloqueo. ¿Por qué no era capaz de explicarle todo lo que pasaba por mi cabeza como antes? ‘Pues porque ya nada es igual’ – una voz en mi cabeza- Sí, ya nada era igual. Y yo estaba cansada de intentar que lo fuera.

– Bien, bien. – le dije- He estado en su casa esta mañana. Todo va bien, ya te contaré. Oye me tengo que ir, ya hablaremos. ¡Un beso!

Me desconecté sin decir nada más aunque me quede un rato más hablando con Miquel. Es curioso lo fácil que era hablar con él. Y eso que apenas le conocía. Sí, era verdad que últimamente estábamos hablando mucho, pero no teníamos mucha confianza. No me atreví a contarle lo que me había pasado con Raúl. ¿Por miedo, quizás? ¿Pero miedo a qué? En eso estaba pensando cuando me preguntó si quería salir, que tenía que ir a la biblioteca y que luego, podríamos ir a tomar un helado o algo.

En un principio, y mi reacción más rápida fue decirle que no. Pero después pensándolo bien decidí decirle que sí. Me apetecía salir con él un rato. No hacía preguntas indiscretas y me hacia reír.

– Te paso a buscar. Estaré en tu calle en diez minutos, espérame abajo. – me dijo él-

Capítulo 2

Diez minutos más tarde ya estaba abajo. Había tardado un poco en decidir qué ponerme pero bueno, no tenía importancia.

– Vaya que puntual eres, tendré que darme más prisa. – me dijo sonriendo

–  ¡Oh! Para nada, no me importa esperar.

Durante el camino a la biblioteca estuvimos hablando sin parar y no pude evitar fijarme en lo bien que le quedaba la camisa blanca que llevaba puesta ese día y lo bien que olía.

Me hizo reír mucho y durante ese rato no tuve tiempo de pensar en nada más. Pasamos la tarde en la biblioteca estudiando para los exámenes que se acercaban. Pasadas las horas, llenas de miradas y sonrisas cómplices, decidimos darnos un respiro e ir a tomar un refresco. Hablando de cualquier cosa surgió el tema de Ana, y aunque no quería meterme en terreno pantanoso, sentí que de alguna manera, podía confiar en él, y que no me iba a dejar plantada. Así que me lancé y le explique lo que pasaba con ella. Me desahogué y además me sentí liberada de aquella carga. No le hablé de Raúl, pero me quité un peso de encima. Mientras hablaba él me observaba fijamente, muy serio. Como si realmente le importara lo que le estaba explicando.  Al acabar la tarde me acompañó a casa. Resultó que me llevaba de perlas con él, quién iba a decir que esto iba a ser así.

-Gracias por acompañarme – le dije- no hacia falta, tú vives por el otro lado.

– Ah, no te preocupes por eso, no me importa. Me gusta hablar contigo. Espero que lo hayas pasado bien y oye, no te preocupes por lo de Ana, ya se arreglará. ¿De acuerdo? – Su sonrisa era deslumbrante.

Se acercó para darme dos besos en las mejillas. En ese momento, me dio un vuelco el corazón, como si pensara que él me iba a besar en los labios. Menuda tontería, ya estoy con eso otra vez. Nos acabamos de conocer. Lo mío es una obsesión.

–  Bueno, adiós. Y gracias por todo, de verdad. – le dije

La semana siguiente las cosas seguían igual. No había vuelto a saber nada  de Raúl cuando un día me habló por MSN:

–  Lo siento, no he podido hablar contigo antes, he estado muy liado con los exámenes, ya sabes. Oye, si estás libre esta tarde podríamos ver una película. No hay nadie en casa, ¿te apetece venir?

Aunque estaba deseando decirle que no y mandarle a la mierda, no pude. Le dije que sí. Y al instante me arrepentí. Cogí el teléfono móvil con la intención de llamar y cancelar la cita, pero tampoco me atreví, seguro que si le llamaba me convencería para que fuera. Así que sin darle más vueltas y deseando que se acabara pronto me dirigí a su casa. Al llegar llamé a la puerta y allí estaba él.

– ¡Hola! Que puntual has sido. Tenía muchas ganas de verte. – Dijo mientras se acercaba y me besaba.- Ven, sube. ¿Quieres beber algo?

– No, gracias. No quiero nada. – Mientras cogía un vaso para él le miré. Sin poder evitarlo sentí ganas de estar con él, y de que todo cambiara. De que él me quisiera, y de besarle. Pero me contuve. Ya estaba escarmentada.

–  Bueno, vamos a mi habitación. ¿Te parece bien esta? – dijo enseñándome un DVD en la carátula del cual había un vampiro.

–  Si, claro. Creo que no la he visto.

Entonces él me sonrió y subimos a su habitación. – Ponte cómoda – me dijo. Lo único que hice fue quitarme los zapatos. No podía creer que de verdad hubiera vuelto a esa casa después de lo que había pasado. Me odiaba por lo tonta que estaba siendo. Quería escapar, salir volando por la ventana. Y sin embargo me quedaban dos horas enteras de una película que ni siquiera me interesaba y que sabía que no iba a ver. ¡Que poco me equivocaba! Al poco rato de empezar a verla, él me cogió fuertemente y empezó a besarme, yo no puse resistencia pero por dentro me daban nauseas. Intenté que se apartara diciendo que quería ver la película. A los quince minutos estábamos igual. Cerré los ojos para no ver lo que pasaba y desee que terminara pronto cuando empezó a quitarme la camiseta.

Capítulo 3

Iba andando, casi corriendo, y me dirigía a casa. Me sentía como una basura, como alguien que no sirve para nada, sin ilusión ni expectativas. No tenía ganas de hacer nada. Me encontraba perdida y necesitaba hablar con alguien. Inmediatamente pensé en Miquel, pero me daba una vergüenza terrible que supiera toda la historia. Así que llamé a Ana. Algún día tendríamos que arreglar las cosas. Y qué mejor día que este. No quería estar sola. Quedamos a las cinco y media en el lugar de siempre y fuimos a tomar un café a la cafetería donde siempre solíamos ir. O así era antes de separarnos.

– Bueno, Bea. ¿Cómo estás? Hace mucho tiempo que no sé nada de ti, cuéntame. ¿Cómo van las cosas?

– La verdad, he tenido épocas mejores. Escucha Ana, siento haber estado distante, simplemente he estado en mi mundo y no tenía ganas de hacer nada. Pero bueno… tengo algo que contarte.

– ¿Ah si? Cuenta, cuenta, ¡me muero de ganas por saber como han ido las cosas!

– Bueno, no es nada emocionante… ¿Te acuerdas de ese chico, Raúl? Pues resulta que…

En ese momento y como si nada hubiera pasado entre nosotras le conté todo lo que me pasó por la cabeza, sin dejarme ningún detalle. Le conté como me había sentido, lo mal que se había portado conmigo Raúl y como me había utilizado para sus intereses, como  después se había olvidado de mi para después volver con cara de niño bueno a contarme más mentiras. Y lo peor, como yo le había creído y había vuelto a caer en su trampa.

Ella se indignó muchísimo, y soltando algún que otro taco me dijo que no volviera a verle ni a hablar con él, que no merecía la pena y que no iba a cambiar, que no me quería. Acabé llorando de rabia y ella me abrazó.

– Ven aquí, no llores. Tú te mereces a alguien mejor, alguien que te sepa valorar. Seguro que no esa muy lejos. – me dijo intentando consolarme.

Al poco rato las dos nos calmamos y seguimos hablando de ella y de sus dos amores. Intenté aconsejarla lo mejor que supe para que estuviera bien, pero realmente no entendía su situación. Estábamos hablando de eso cuando de repente soltó:

– ¡Oye! Me han dicho que últimamente quedas mucho con Miquel ¿es cierto?

– ¡Ah, sí! Quedamos a veces para ir a la biblioteca o para dar una vuelta. Es un chico muy majo. Me cae bien.

– Sí, sí que es majo. Siempre se preocupa mucho por ti y eso… oye… ¿porque tú y él no…? ¡Ya sabes!

– ¿Yo y él? Pero Ana, por favor ¡qué dices! ¡Miquel es un chico estupendo y me cae genial pero solo somos amigos! ¡No va a pasar nada entre nosotros!

-Ya, eso lo dices ahora…

-¡No me líes, Ana! No veo por que se iba a fijar en mí. Además ya te lo he dicho, quedamos solo en plan amigos, no pasa nada. ¡No hay química! Somos muy diferentes…

Mientras decía esto me dí cuenta de que estaba mintiendo. Obviamente, y aunque no quería reconocerlo, había mucha química entre yo y Miquel. Saltaban chispas. Él era un chico tímido y quizás por eso aun no había pasado nada, pero lo cierto es que ya me lo había planteado unas cuantas veces. Me encantaba su sonrisa y su cuello, sus brazos… Pero no iba más allá.

Tampoco había signos de que yo le gustase y no quería meterme en más líos. Aunque se lo negué a Ana e intentaba negármelo a mi misma, saltaba a la vista que había algo entre nosotros, pero no se por qué no tuve el valor suficiente para decírselo a Ana. Sería porque ellos eran amigos de infancia, o porque me daba vergüenza reconocer que me había fijado en él… No lo sé.

El caso es que me callé. Y también estaba Raúl por otro lado. Aunque esa tarde decidí que iba a cambiar. Que no iba a rebajarme más por un chico como él, porque no se lo merecía. Igual que yo no merecía que me tratara así.

No volvería a verle nunca más.

Capítulo 4

Al día siguiente me desperté con energías renovadas, con ganas de hacer cosas y con más ganas aún de divertirme. No quería saber nada de chicos, solo olvidarme de Raúl y entretenerme con otras cosas. Aquella tarde había quedado con Miquel. No habíamos quedado para hacer nada en concreto, y de alguna manera, temía llegar allí y no saber qué decirle.

Pero eso me ocurría siempre antes de verle, una vez nos encontrábamos era como si nos conociéramos de toda la vida. No había silencios incómodos ni ganas de irse a casa. En realidad, creo que solo quedábamos para vernos. Pero ninguno de los dos lo decía. Ese día tenía especial ganas de verle y de que me contagiara su sonrisa y me hiciera reír.

Cuando llegó la hora, empecé a arreglarme, me probé toda la ropa que había en mi armario o casi. ¡Madre mía lo complicado que es decidirse por algo! Y eso que no era una cita, solo dos amigos quedando… al menos así creía que lo vería él. Cuando al fin me decidí, baje a la hora a mi portal, donde habíamos quedado, y él ya estaba allí esperándome. Bajé saltando las escaleras y abrí la puerta.

– ¡Hola! ¡otra vez llegas antes que yo! ¡Y eso que solo tengo que coger el ascensor!

– No me gusta que me esperen, prefiero esperar yo. Vaya, ¿camiseta nueva? – dijo él riendo-

-¡Sí! Me la compré el otro día. ¡Que ojo tienes! – sonreí- ¿Te gusta?

-Me encanta, te queda muy bien, de verdad. – su mirada lo confirmaba-

– Seguro que lo dices para hacerme la pelota… – dije yo de broma riéndome para ver qué decía –

-¡Pero que mala eres! Pues sí… es horrible. ¡No me la pondría ni loco! – dijo de repente sonriendo- Que no, era una broma. – dijo mirándome- Te queda muy bien, resalta tus ojos. –  Mira, para compensarte te daré algo que tenía para ti.

Me dejó sin habla.

-¿Algo para mí? – pregunté ilusionada como cuando a una niña pequeña le dan un caramelo.-

–  Sí, toma. – Me dio una bolsa con algo dentro. Una cajita. Mientras la abría sentía su mirada incesante pegada en mí, observando cada pequeño movimiento que hacía, para no perderse detalle.

– ¡Un collar! ¡Madre mía, que bonito! ¡Miquel, es precioso! Pero yo… no debería… ¿Seguro que es para mí?

– Sí, lo compré especialmente para ti. Me alegro que te guste. – Me miró sonriendo.-

– Muchas, muchísimas gracias de verdad. No deberías haberte molestado.

En ese momento me puse de puntillas e hice el gesto de darle dos besos porque no llegaba. Él se inclinó y acercó su cara a la mía. Otra vez sentí esa sensación, como unas mariposillas en el estómago. ¡Oh, oh, esto no me puede estar pasando! Esas mariposas… ¡hacía tanto tiempo que habían desaparecido!

Ni siquiera me acordaba de cómo eran. Le vi acercándose a mí y pensé en darle un beso. Era lo propio, él me acababa de regalar un collar precioso que había comprado especialmente para mí. ¡Tenía que agradecérselo! Y no solo eso, tenía ganas de hacerlo, ¡Quería hacerlo! ¡Quería besarle! Pero no lo hice. Y tampoco lo hizo él. Sonreí, sentía mi cara ardiendo.

Nos dirigimos a la cafetería de siempre, y estuvimos hablando y mirándonos toda la tarde. No podía negarlo. Había algo entre nosotros.

Los días siguientes fueron más o menos iguales. No tuve tiempo de pensar ni hacer nada. Solíamos quedar por las tardes y por las noches. Y nunca nos quedábamos sin nada que hacer. Cada día que pasaba estábamos más unidos y la confianza que había entre los dos iba creciendo.

Ya hablábamos de cualquier cosa, incluso me atreví a explicarle lo que me había pasado con Raúl y otros chicos. La cara de rabia que puso me encantó. Como si estuviera dispuesto a pegarles una paliza solo por haberme hecho daño. Cuando estaba con él me sentía segura de mi misma y protegida.

Podía hacer bromas y mostrarme tal como soy sin miedo a lo que pudiera pensar porque ya me conocía. Sabía quien era y como era. Y lo mismo le pasaba a él conmigo. Con el transcurso del tiempo empezaron a oírse rumores de que había algo entre nosotros. Me moría de la vergüenza. Intentábamos disimular como podíamos y aunque aun no había pasado nada entre nosotros, solo era cuestión de tiempo.

Íbamos a comprar juntos, al cine, veíamos películas en su casa, íbamos solos a  la playa por las noches… Era como una vida de pareja.

Dentro de mi algo me decía que yo le gustaba, pero él nunca me decía nada. De vez en cuando me decía algún piropo y me regalaba cosas. De acuerdo, eso hacia evidente que algo más que amistad sentía por mí. Pero no estaba segura. Me sentía confusa. No sabía si quería que pasara algo o no. Lo había pasado mal las últimas veces y no tenía ganas de volver a empezar. Subí a mi habitación y me estiré en la cama.

Era cierto, no tenía ganas de volver a empezar nada, pero no podía apartarme de él. Quería verle, tocarle, estar con él. No podía evitarlo. Llevábamos ya meses quedando pero aun no había pasado nada. Y eso me confundía. Creía que si no había pasado nada era porque él era tímido.

Pero a la vez también pensaba que quizás él no quería nada conmigo. Y por eso no me atrevía a dar el paso yo. Algo dentro de mí quería que lo hiciera él. Que me cogiera y me diera un beso de películaO simplemente un beso de esos inesperados. Me estaba volviendo loca. Me sentía como una adolescente que tenía que dar su primer beso. Que sensación más rara.

Capítulo 5

Intenté quitármelo de la cabeza, pero no pude evitarlo. Poco a poco me iba enamorando de él y, aunque no se lo hubiera comentado a nadie e incluso se lo negara a Ana, por dentro estaba deseando besarle y ver qué pasaba. Cuando quedábamos era como cuando dos buenos amigos quedan como si nada.   Un día quedamos para ir al cine. La película era una comedia romántica. Una chica y un chico que comenzaban a salir juntos, sin tener nada serio pero poco a poco se iban enamorando y al final acababan juntos. No pude resistir la tentación en toda la película de mirar a Miquel de reojo para ver sus reacciones. Creo que él también me miraba.

A veces giraba la cabeza y me sonreía. Cuando acabó la película fuimos a tomar un helado, que no me dejó pagar, y luego a dar una vuelta por la playa. Siempre me llevaba a sitios que no conozco o que significaban algo para él. Me encantaba que lo hiciese. Al final, nos sentamos en un banco. Me senté un poco separada, pero después nos fuimos acercando hasta que estuvimos pegados. Aún no sé como la conversación se fue derivando y acabamos tonteando y haciéndonos cosquillas, casi me abrazaba, y un par de veces me pasó el  brazo por el hombro.

Cuando nos calmamos me quedé mirando el mar, estaba mirando las estrellas cuando, de pronto, noté que me daba un beso en la cabeza.  Me quedé muy asombrada y pensé en girarme hacia él y besarle. Sin decir nada más. Pero otra vez me dio miedo, pensé en lo que podía pasar, en que le podría hacer daño. Y me dio miedo. Y no lo hice. ‘Cobarde’.

Más tarde me acompañó a casa. Cuando ya estábamos llegando, me comenzó a entrar esa sensación de nerviosismo y miedo que me entraba cada vez que pasaba esto. Lo disimulé como pude. Llegamos al portal, subí el escalón y le miré:

–          Bueno, ya hemos llegado. Me sabe mal que hayas tenido que venir hasta aquí. – Él no lo notaba pero sentía mi corazón latir a mil por hora.-

 

–          Ah, no es nada, ya te lo he dicho mil veces. Así estoy más rato contigo y me aseguro de que no te pasa nada. – No era la única que estaba nerviosa, notaba como que no quería acercarse mucho a mí.-

–          Me voy para arriba, ahora hablamos. – Le sonreí y, cuando él sonrío también, me acerqué para darle dos besos en las mejillas. Las ganas que tenía de girarle la cara. ¡madre mía si él lo supiera! No podía creerme mis propios sentimientos. No pasó nada más. Miré como se iba.-

Me desperté aquel día pensando que no podíamos seguir así. No podía negar que a él le gustaba yo. Pero una vez aceptado eso, tenía que pensar qué hacer. Y tenía que tomar una decisión. Él me quería y quería estar conmigo. No era otro de esos tipos que solo quieren aprovecharse de ti y utilizarse. No, él era diferente. ¿Realmente iba a dejarlo pasar?

Vale, al principio no sentía nada más que amistad por él, pero poco a poco se fue convirtiendo en algo más. Y aunque tenía miedo a volver a pasarlo mal, tenía que arriesgarme. Quería hacerlo. No sabía cómo ni cuando, pero no podría esperar mucho más. En vista de que él no iba a tomar la decisión ni iba a dar el paso, tenía que hacerlo yo. No podía esperar más, tenía que besarle y demostrarle que yo también quería estar con él. Y que estuviera tranquilo. Estuviéramos tranquilos. No me apetecía pensar en lo que iba a pasar después. Justo en aquel momento sonó el teléfono móvil. Era él. Me aclaré la voz:

–          ¿Diga?

–          ¡Hola! ¿Qué haces?  – Me dijo-

–          Nada, estaba leyendo un libro. ¿Y tú?

–          Pues no mucho, acabo de llegar a casa. Oye te llamaba porque esta noche hay fiesta en la playa e iremos todos. ¿vendrás?

–          ¿Una fiesta? ¡Pues vale! Me apetece mucho. – Reí-

–          Sí, a mi también. Tengo ganas de verte. ¿Te paso a buscar a las once y media? – dijo seguidamente para que no pudiera contestar a ese comentario. –

–          Ummm, sí, perfecto. ¡Gracias! Seguro que nos lo pasamos genial, tengo buenas vibraciones –  Contesté riendo para que viera que le había escuchado.-

–          Bueno, yo no tantas… pero ya veremos lo que pasa. ¡Hasta luego! – Colgó el teléfono. –

Ahí tenía mi oportunidad. Una fiesta en la playa. Me lo puse como meta. Tenía que ser esa noche. Le besaría, por fin. Y saldría de dudas, también.

Pasé la tarde probándome modelitos de ropa y maquillaje, quería llevar algo bonito y sexy pero que no llamara mucho la atención. Me preguntaba qué se pondría Miquel. No podía esperar más a verle. Seguro que llevaba esa camisa blanca que le quedaba tan bien y le hacia parecer tan elegante y tan extremadamente sexy.Siempre me han gustado los hombres vestidos con camisas y trajes, me parecen interesantes. Estaba probándome una falda de florecitas y volantes cuando sonó el teléfono móvil:

–    ¡Hola! ¿Qué tal? ¿Qué haces? – Era Miquel.-

–    ¡Hello! Pues nada, estaba aquí… mirando la TV un rato. – Contesté-  No quería que pensara que era una de esas pijas, aunque él ya sabía lo mucho que me gusta la ropa y todo eso.

–     Ya, seguro que te estabas probando modelitos para esta noche. – Rió él –

–          ¡Pero que dices! Ya tengo pensado lo que me voy a poner.

–          Estoy ansioso por verlo. – Se rió de nuevo- ¡Oye! ¿Quieres que te pase a buscar a las diez y media y así damos una vuelta antes de quedar con el resto?

–          Ummm… ¡sí, vale! Por mí genial. ¿A las diez y media en mi casa?

–          ¡Vale! Nos vemos luego, no tardes.

Y colgó. Aii… Miquel, Miquel. Cuantas ganas tenía de verte y de que llegara la noche. Me había intentado imaginar muchas veces lo que podía pasar. Tipo película. Siempre he sido muy peliculera. Estaba la versión en la que él se declaraba y me daba un beso. La que íbamos a algún sitio y acabábamos besándonos. La versión en la que empezábamos a jugar y se echaba encima mío… Había tantas versiones…

Y hoy por fin sabría como seria la verdadera. Si todo iba bien. Me preguntaba… ¿Qué pensará él del asunto? ¿Y si todo había sido producto de mi imaginación y él no quería nada conmigo? ¿Y si simplemente quería jugar, pero no se planteaba tener nada conmigo? Ya volvía a desvariar. ¡Pues claro que le gustaba! Estaba claro. Y él me gustaba a mí. Mucho, además. Y no podía esperar a demostrárselo.

Pasé el resto del día dando vueltas por casa, viendo la televisión y pensando en la noche. Me iba poniendo nerviosa por momentos, intentaba no pensar mucho, pero era inevitable. Así llegó la hora en la que había quedado con Miquel, diez minutos antes ya estaba asomándome al balcón para ver si había llegado ya.

A las diez y media en punto al fin sonó mi teléfono. Señal de que Miquel estaba ya abajo. En ese momento los nervios se multiplicaron por mil y el corazón me empezó a latir con más fuerza que nunca. Cogí mi bolso y metí en él el bocadillo y la bebida que había preparado para cenar en la playa. Me miré por última vez en el espejo del recibidor para asegurarme de que tenía buen aspecto y cerré la puerta de casa. Cuando llegue al portal allí estaba Miquel esperándome, estaba serio, pero cuando me vio una sonrisa salpicó su rostro.

 

– ¡Pensaba que tendría que esperarte mucho más! – Me miró y me besó en las mejillas.

– ¡Que va! ¡Pero si siempre tengo que esperarte yo a ti! – Bromeé mientras le miraba. Estaba radiante. Guapísimo. Tuve que forzarme a alejar la mirada de él antes de que se diera cuenta.

Empezamos a hablar de todo un poco y se me pasaron los nervios. Creo que el no se dio cuenta de mis piernas de mantequilla y de los fuertes latidos de mi corazón, lo cual me tranquilizó y pude seguir hablando con él como si nada. En seguida me transmitió esa paz que desprende siempre y me relajé. Le miraba tímidamente a los ojos intentando poder ver más allá de ellos, intentando averiguar que estaba pensando él. Creo que el también estaba nervioso, pero no lo mostraba. Me miraba curioso como si él también viera algo diferente en mí. Mientras nos encaminábamos hacia la playa me imaginé que íbamos andando exactamente como lo estábamos haciendo en ese momento pero cogidos de la mano, como una pareja.

Y pensé en como seria pasear tranquilamente cogida de su mano por la playa mientras escuchaba el sonido de las olas y del viento y de su risa. Ese pensamiento se convirtió en deseo. Deseaba con toda mi alma que ocurriera, y así estaba yo sumergida en mi mente cuando me dijo:

–          ¡Bea! ¿Que te pasa? ¿Me estás escuchando? ¡Que ya hemos llegado! – Y me hizo cosquillas para despertarme.

–          ¡Ai!- Reí-  Lo siento estaba pensando en algo. ¿Ya hemos llegado? Vaya se me ha hecho muy corto el camino.

–          En que estarías pensando… – Me dijo mirándome picarón-

–          ¡No en lo que tú crees! – Le saqué la lengua.

Llegamos donde estaban los otros, que ya no se sorprendían de vernos aparecer juntos. Allí estaba Sonia y su novio Carlos, Dani, Marcos, y Ana. Buscamos un sitio en la arena donde poder sentarnos y ver los fuegos artificiales. Como aún era pronto, nos pusimos a jugar a juegos de cartas para pasar el rato. Sonia propuso jugar con algo de alcohol para ir empezando a animarnos. ¡Mi oportunidad de besar a Miquel! Pero me equivocaba porque los juegos nada tenían que ver con esos juegos que consisten en besar a quien te toque.

Aun así me senté a su lado y siempre me sorprendía mirándole disimuladamente. Al principio me daba un poco de vergüenza pero después ya me daba igual. Hasta intentaba pegarme más a él, tocarle la mano, la pierna, o algo para estar más cerca de él. Pero sin ser descarada. También noté como poco a poco él se relajaba y se acercaba más a mí. El resto nos miraba y hacia gestos un poco sorprendidos de nuestro acercamiento, pero no dijeron nada.

Jugamos a diferentes juegos hasta que se hizo de noche y tuvimos que dejarlo porque en la playa no se veía nada. La luna nos iluminaba desde el cielo acompañada de un montón de estrellas y alguna que otra nube blanca. A nuestro alrededor había mucha gente sentada en la arena cenando, riendo y jugando a esperas de los fuegos artificiales.

Mientras cenábamos miraba a Miquel y pensaba en la noche que nos esperaba. Aun no sabía lo que iba a pasar pero tenía ganas de estar con él. No me iba a echar para atrás. La arena en mis pies estaba fresca, me encantaba su tacto en mi piel y en ese momento me dejé caer hacia atrás. Mirando el cielo fijamente. Así estaba, pensando y mirando el cielo cuando vi una estrella fugaz. Cerré los ojos, apretando fuerte los párpados y desee con todas mis fuerzas que esa noche se cumplieran mis sueños. Los mantuve así unos segundos y después los abrí. Todo seguía igual. Volví a sentarme y miré a Miquel quien a su vez, me estaba mirando y me dijo:

–          ¿La has visto? – Su mirada lo decía todo.

–          Sí, ¿Tú también? – Asintió con la cabeza. – ¿Y has pedido un deseo? – Volvió a asentir, y sonreí- A lo mejor hemos deseado lo mismo. – le dije.

–          Puede ser. Es curioso que siempre que estamos juntos veamos estrellas fugaces. Nunca había visto tantas como ahora.

–          Ni yo. Si que es curioso si. – Durante los días que habíamos quedado muchas veces habíamos ido caminando a la playa y sentados en un banco o en la arena  habíamos visto estrellas fugaces. Incluso dos en una noche. Me parecía algo mágico. Como si fuera una señal. Algo tendría que significar. Bueno, yo soy de esas chicas que cree en esas cosas y que lee el horóscopo.

–          ¡Están a punto de empezar! – Dijo Sonia refiriéndose a los fuegos artificiales.

En seguida ella se acurruco en los brazos de su novio para poder ver así los fuegos. Que romántico, pensé. Miré a Miquel y sonreí. Para mi también era un momento especial aunque no pudiera acurrucarme con él. Me senté más cerca de él. Se oyó un ruido estridente y  empezaron los fuegos. Con el reflejo de la luz se veían todas las cabezas mirando al cielo que se iluminó lleno de colores y formas. Era un escenario precioso, la luna, el mar, la arena, los fuegos artificiales, Miquel… No podía dejar de mirar los fuegos, era tan bonito que no podía apartar mi vista de ellos.

Noté como Miquel giraba la cabeza y me miraba un par de veces. Con la cara de embobada que tenía, que vergüenza. Una palmera roja, una especie de fuente de colores, unos remolinos verdes y azules, disparos de luz rosa, era fascinante. En ese momento conseguí apartar la mirada del cielo y me fijé en Miquel que estaba pendiente de los fuegos. Le miré la cara, los ojos, los labios, el cuello, y sin pensar en donde estábamos y en las cabezas de Ana, Sonia y los demás, que nos estaban mirando, le besé en la mejilla. Él no se lo esperaba para nada y rápidamente después de separar mis labios de su cara me miró.

Yo, muerta de vergüenza y deseando que no dijera nadie dijera nada, volví a dirigir la mirada al cielo. No sé porque lo hice, simplemente no pude reprimirme. Los fuegos continuaron un rato más y cuando acabaron empezaron los aplausos y la música. La gente se levantó y empezó a beber y a bailar. Sonia nos sirvió un vaso de algo y se puso a bailar con su novio. Marcos y Dani inspeccionaban el panorama en busca de chicas con las que poder bailar y algo más. Ana estaba entre nosotros y otro grupo de amigos, con lo cual pronto desapareció de nuestra vista. Y Miquel y yo empezamos a hablar y a tirarnos por la arena. Estábamos así cuando Sonia me cogió y se puso a bailar conmigo allí delante.

Me puse a reír y vi que Miquel nos estaba mirando. Intentando llamar su atención me puse a bailar de una forma más llamativa. Estuvimos yendo de aquí para allá toda la noche, yo con Miquel todo el rato. Me lo estaba pasando genial y no podía parar de reír. Tenía muchísimas ganas de tirarme a su cuello y morderle y besarle y besarle más y más y más. Pero me contuve. Estaba esperando para ver si él se atrevía a dar el paso y aunque le veía acercarse y hablarme muy pegado a mis labios, no me besó. Pensé que necesitábamos más intimidad. Quería estar con él a solas para ver si así surgía una oportunidad.

–          ¿Me acompañas al baño? – Le dije

–          Claro, yo también tengo que ir. – Me contestó.

Capítulo 7

N

os separamos del grupo y caminando descalzos por la arena nos dirigimos al baño. Por el camino íbamos haciendo tonterías. Íbamos riendo cuando de pronto me cogió en brazos. Me pilló por sorpresa y solté un grito. Después me reí.

–          ¡Déjame en el suelo que me da miedo! – Le dije riendo. Intenté pelear de broma para que me soltara aunque no demasiado porque en el fondo no quería escapar.

–          ¡De eso nada! Yo te llevo.  – Y me cogió más fuerte.

–          Te vas a cansar, peso mucho. – Estaba muy cerca de su boca y le miraba los labios mientras hablaba. Quería besarle. Le rodeé el cuello con los brazos. A penas podía controlar lo que decía, estaba embobada mirándole.

–          No pesas nada. – Me dijo mirándome a los ojos.

Como no iba a soltarme me acomodé, apoyé mi cabeza en su hombro y dejé que me llevara como una princesa. Tenía su cuello muy cerca y sentía unas ganas enormes de besarle. Cuando giraba la cabeza para hablarme, estaba tan cerca que podía sentir su respiración. ¡Ahora! pensé para mí. ¡Es el momento, tienes que besarle o no tendrás otra oportunidad! Me iba llevando y yo le hablaba para que se acercara, le tenía tan cerca…tan cerca…. pero no me atreví. ¡Arg! ¡No me atreví a darle un beso y ahora ya era demasiado tarde! Me dejó en el suelo y seguimos caminando.

En el baño más próximo había una cola larguísima, así que le dije de ir a otro que había más lejos. Dimos media vuelta para ir hacia allí y continuamos tirándonos en la arena y haciendo tonterías, saltaba encima de él y él me cogía y me tiraba al suelo. Me hacía cosquillas, gritaba, reía, saltaba, corría. Me lo estaba pasando en grande y solo quería una cosa más, besarle por fin y estar con él. Quería que fuese él el que diera el paso porque sabía que tenía ganas y que quería hacerlo pero no se atrevía. Estaba decidida a hacerlo yo en caso de que él no se decidiera. Así que intentando no alargar mas la espera me tiré a la arena boca arriba. Me quedé mirando el cielo otra vez plagado de estrellas y entonces le miré a él. Estaba de pie a mi lado, sin saber muy bien que hacer. Cerré los ojos y estiré los brazos para que se diera cuenta de que no pensaba levantarme aún. Cuando los abrí él estaba sentado a mi lado y me miraba. Yo volví a hacerme la perezosa y así estaba cuando le vi acercando su cara a la mía. Le miré a los ojos mientras lo hacia y después a la boca.  Por fin llegaba ese momento, ¡lo estaba haciendo! ¡Él iba a besarme! ¡Después de tantos meses y de tanto tiempo juntos por fin iba a ocurrir! No podía esperar más, cerré los ojos, y cuando estaba a unos centímetros de mis labios, paró. En ese momento volví a abrir los ojos para ver que había pasado. Él seguía allí cerca de mi boca, no se había alejado, me miraba y estaba tanteándome, cuando pensaba que se iba a alejar y que no lo iba a hacer, me besó. Sentí sus labios presionar los míos en un beso que transmitía tantas cosas a la vez, tantas ganas, tanto amor, tanto miedo. Una mezcla de sentimientos. Fue un beso tímido al principio, tierno, con curiosidad, un beso suave, nuestros labios se deslizaban suavemente, se rozaban, pero poco a poco fue volviéndose más salvaje, con más pasión, nuestros cuerpos ya menos tímidos querían más, le agarré la nuca para que no se fuera y sentí sus manos en mi cintura. Me tocaba el pelo, la cintura, un poco más arriba. Sentía su boca, sus labios, su lengua. Me encantaban sus besos, no podía parar. La arena se escurría debajo de mí, la luna nos miraba y el mar estaba en calma.  Estábamos alejados y de vez en cuando oía a alguien pasar, pero nadie nos interrumpió. Hacía tanto tiempo que deseaba esto, que no quería moverme, no quería separarme de él, temía hacer algún movimiento y que él se levantara. Mientras nos estábamos besando y tenía los ojos cerrados, me olvidé de donde estábamos, de a donde íbamos, de quien estaba allí, de mis problemas, de los otros chicos, del pasado, de lo mal que lo había pasado, de Raúl, y de todo. Miquel tenía el don de hacerme olvidar todo, de alejarme de la realidad, de hacerme feliz, quería estar con él costase lo que costase. Después de un rato, bastante largo, conseguimos separar nuestros labios, lo cual no fue tarea fácil, y mirarnos.  En ese momento pensé ¿Qué le voy a decir? Que vergüenza, ¿Y si no quiere estar conmigo? Pero fue un pensamiento fugaz porque casi al instante vi su mirada que reflejaba alegría e incertidumbre. Le miré y sonreí, solo se me ocurrió decirle:

–  ¿Te ha costado, eh? – Me miró y me volvió a besar. Le agarré del cuello fuertemente y le besé con todas mis ganas.

fh

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